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El Arte Trascendental como una Práctica Espiritual
Por Harold H. Bloomfield, M.D.
www.haroldbloomfield.com

El arte trascendental transporta al artista y al espectador más alla de la forma a lo que no tiene forma. También ha sido llamado sagrado, meditativo, chamánico, espiritual, contemplativo, canalizado e integral. Esta forma de arte busca expresar lo Divino porque somos divinos. Es nuestra naturaleza esencial, la parte de nuestra identidad “creada a la imagen y semejanza de Dios.” El arte trascendental evoca nuestra memoria de Unicidad. Es la expresión creativa de lo espiritualmente sublime, Dios-consciente, auto-realización, iluminación (cualquiera sea el nombre usado para describir lo que no tiene nombre)
Imagínese que está en un museo de arte con galerías de pinturas clásicas, expresionistas, impresionistas, y otras. Mientras observa la amplia selección de arte, cada una con una diferente temática – trágica, romántica, surrealista, voluble – está teniendo experiencias y sentimientos sensoriales que son altamente variables. Cuando usted contempla o medita sobre arte trascendental toda experiencia sensorial y perceptual se trasciende. El parloteo de la mente, los sentimientos, percepciones, y sensaciones que normalmente captan nuestra atención mientras nos movemos por las “galerías” de nuestras vidas – se dejan atrás. Lo que queda es luz pura, silencio eterno y la más sutil imagen brillante del artista. Esta percepción sublime ha sido llamada celestial, numinosa y extática. El poeta Alfred Lord Tennyson lo describió como: “Lo más claro de lo claro, lo más seguro de lo seguro, totalmente más alla de las palabras.”
El arte trascendental se deriva de y evoca un estado de conciencia único caracterizado por indicadores fisiológicos perceptibles. Los científicos en el campo emergente de la neuroteología han comenzado a trazar planos de lo que ocurre en el cerebro durante la absorción trascendental. Los hallazgos indican que mientras la conciencia de pensamientos y sensaciones se disuelve, las áreas del cerebro que nos dan nuestro sentido de ego límites y nos orientan en tiempo y espacio esencialmente se apagan. Esto nos deja con un sentido de ilimitación en donde el ser es interminable e íntimamente entretejido con todos y todo. Estamos libres para experimentar la red de existencia, la verdadera naturaleza-cuántica de la vida; contemplar arte trascendental se convierte en una práctica espiritual.
Los artistas trascendentales aspiran a canalizar, por supuesto, al Creador Supremo. Se acercan a Dios principalmente a través de la alegría y el sobrecogimiento, el amor y la devoción. Entre medio de la felicidad y las ampollas, la comedia y el patetismo, su arte que revela el alma nos enseña a sentir lo Divino brillando. Estamos reafirmados en nuestro camino a vivir con pasión y compasión; a actuar sobre la belleza espiritual que disfrutamos.
La conocida artista trascendental Elle Nicolaï, por ejemplo, entra en un estado de profunda meditación antes de canalizar su visión sutil y sublime al canvas. Ella representa con elegancia y simplicidad la artesanía delicada de Dios. Su pasión por la belleza se sumerge debajo del conflicto y caos en la superficie de la vida a la unidad en las profundidades. Elle se regocija en la geometría sagrada de lo entero. Sus abstracciones refinan nuestra percepción, llevándonos a piscinas de paz profunda. Las obras de Elle pueden ser meditadas como yantras místicas y eternas, la materia más fina surgiendo de la luz ilimitada.
El refinamiento de la percepción, sin embargo, no es automático. Sacamos del arte trascendental solo lo que traemos a el. Si estamos agotados con cansancio consumido por problemas, rumiando acerca del pasado o considerando el futuro, no podemos recibir toda la gloria de lo que se nos está ofreciendo. Para que la pieza de arte sea una puerta desde lo inmanente a lo trascendente, tenemos que acercarnos con atención consciente, meditativa, y silenciosa. Cuando miramos, solo miramos – y realmente vemos. Si se encuentra distraido por el parloteo de la mente, redirija su atención concentrandose unicamente en el arte; note la conciencia que evoca.
“Ame cada hoja, cada rayo de la luz de Dios,” escribió Feodor Dostoyevsky. “Ame a los animales, ame a las plantas, ame todo. Si ama todo, percibirá el misterio divino de las cosas. Una vez que lo percibe, lo comprenderá mejor cada día, y llegará, al fin, a amar a todo el mundo con un amor completo.” El amor es la llave que abre la puerta a la galería del arte trascendental. Con amor somos capaces de apreciar los objetos de la creación en su mayor gloria, donde el arte sublime del Creador se revela fresca y nuevamente.
La habilidad de ver no solo con lo que los metafísicos han llamado el “ojo material,” o con el “ojo conceptual” de ideas abstractas, sino también con el “ojo del espíritu,” no es en totalidad un tema de gracia espontánea. Al igual que los microscopios y telescopios pueden ser usados para extender el alcance de la percepción, el arte trascendental abre nuestra conciencia extra-sensorial a lo infinito. Esta modalidad de arte es un respiro delicioso para el alma. El amante, el amado y el proceso de amar se unen en este arte espiritualmente íntimo.
Partes de este ensayo están adaptadas de Making Peace with God por Harold H. Bloomfield, M.D. y Philip Goldberg, Ph.D. Putnam-Penguin: New York, 2003.